Este policy brief tiene como objetivo analizar las implicancias del cambio climático para el sector defensa y las Fuerzas Armadas, destacando cómo afecta la operatividad, infraestructura y la demanda de apoyo humanitario. Además, busca orientar la implementación de medidas de adaptación y mitigación para fortalecer la resiliencia institucional y reducir la huella ambiental. El documento se estructura de la siguiente manera: primero, se presentan los impactos del cambio climático en la defensa; luego, se discuten las medidas de adaptación y mitigación; y finalmente, se proponen recomendaciones estratégicas para integrar la variable ambiental en la planificación, gestión y desarrollo de capacidades del sector.
El cambio climático y su impacto en la defensa y las Fuerzas Armadas
El cambio climático constituye uno de los fenómenos más relevantes y complejos del siglo XXI. Sus repercusiones trascienden el ámbito ambiental, afectando dimensiones sociales, económicas y territoriales. Aunque no representa un riesgo directo para la defensa, actúa como un potenciador de este, ya que influye sobre otras áreas que, al verse afectadas, pueden derivar en escenarios de inestabilidad o vulnerabilidad, incluyendo al sector defensa.
Para la defensa y las Fuerzas Armadas, el cambio climático modifica el entorno en que operan y aumenta la demanda de apoyo humanitario y de respuesta ante catástrofes, reforzando su rol colaborativo en la acción del Estado. Frente a este escenario, el sector defensa debe avanzar decisivamente en medidas de adaptación y mitigación. En este sentido, la actualización de la Política de Cambio Climático de la Defensa Nacional constituye un avance importante, al establecer una hoja de ruta para enfrentar estos desafíos.
Implicancias del cambio climático en la defensa y las Fuerzas Armadas
El cambio climático se manifiesta, entre otros fenómenos, a través de la escasez de agua, los incendios forestales, las sequías prolongadas, el aumento del nivel del mar y las alteraciones en los ecosistemas. Estos procesos naturales y antrópicos han generado transformaciones profundas que afectan distintos ámbitos de la gestión del Estado, más allá de la dimensión ambiental. En otras palabras, el cambio climático se comporta como un factor multiplicador de riesgos: a medida que intensifica la escasez de recursos o modifica los patrones de asentamiento humano, puede profundizar desigualdades, agravar conflictos sociales y ejercer presión sobre los sistemas económicos y productivos. Así, se configura como un fenómeno transversal que impacta la acción del Estado y la gestión de sus instituciones, incluida la defensa.
Considerar al cambio climático como un potenciador de riesgo implica reconocer que, aunque sus efectos no constituyen por sí solos un riesgo directo, sí impactan sectores cuya alteración puede derivar en escenarios que requieran la participación del sector defensa. La pérdida de infraestructura crítica, los desplazamientos de población o los desastres naturales de gran magnitud son ejemplos de cómo este fenómeno puede influir indirectamente en sus capacidades y responsabilidades.
Desde la conducción política y estratégica de la defensa, comprender esta dinámica resulta esencial para anticipar los desafíos futuros y fortalecer la capacidad institucional del país frente a los nuevos escenarios derivados del cambio climático. Dichos escenarios exigen no solo mayor coordinación entre organismos públicos, sino también una visión preventiva que permita integrar la variable ambiental en la planificación estratégica y operativa de la defensa.
Los efectos del cambio climático afectan el entorno operativo, logístico e institucional del sector defensa y, por tanto, de las Fuerzas Armadas. Por ejemplo, el aumento del nivel del mar amenaza las bases navales y otras infraestructuras costeras, mientras que tormentas intensas e inundaciones pueden dañar pistas aéreas, depósitos de abastecimiento o centros logísticos. Las sequías prolongadas comprometen el acceso a recursos básicos, como agua y energía, afectando la operatividad de los medios y la sostenibilidad de las operaciones.
Por ello, el sector defensa debe integrar la variable ambiental en sus procesos de gestión y planificación, con el fin de reducir vulnerabilidades, anticipar contingencias y garantizar la continuidad operativa en un entorno natural en permanente transformación. Al mismo tiempo, estos efectos no solo impactan la capacidad interna del sector, sino también las demandas externas hacia las Fuerzas Armadas, incrementando su participación en tareas de apoyo humanitario, evacuación, rescate y reconstrucción. Estas funciones se desarrollan dentro del marco normativo y forman parte del área de misión “Emergencia Nacional y Protección Civil” establecida en la Política de Defensa Nacional 2020, correspondiente a la gestión del riesgo y de desastres ante emergencias derivadas de catástrofes naturales o antrópicas (POLDEF, 2020, pp. 56). En este contexto, el aumento de participación de las Fuerzas Armadas evidencia la necesidad de fortalecer las capacidades logísticas, técnicas y humanas para que, junto a otros organismos públicos y privados, puedan responder con eficacia a emergencias de distinta naturaleza y escala.
Para enfrentar estos desafíos, el sector defensa debe avanzar simultáneamente en dos dimensiones complementarias: la adaptación a las nuevas condiciones impuestas por el cambio climático y la mitigación de los efectos que la propia actividad institucional genera sobre el medio ambiente. Ambas líneas de acción deben concebirse de manera integral, ya que se refuerzan mutuamente y apuntan a construir un modelo de gestión sostenible en el tiempo.
Las medidas de adaptación buscan fortalecer la capacidad institucional para enfrentar los efectos del cambio climático sobre la infraestructura, los medios y las operaciones. Integrar criterios ambientales en los procesos de diseño, mantenimiento y modernización de las instalaciones es fundamental para aumentar la resiliencia del sector. Esto implica construir edificaciones más resistentes a eventos extremos, incorporar la planificación territorial con enfoque de riesgo climático y proteger los ecosistemas donde se ubican las bases operativas o áreas de entrenamiento. Asimismo, exige fortalecer las capacidades humanas mediante la formación ambiental y la gestión del riesgo climático en los programas de instrucción militar y civil, promoviendo una cultura institucional más consciente de estos desafíos.
Por su parte, las medidas de mitigación buscan reducir la huella ambiental del sector defensa mediante una gestión más eficiente de los recursos. La adopción de energías limpias, la optimización del consumo energético y la gestión circular de residuos son pasos esenciales hacia un modelo de funcionamiento sostenible. La instalación de paneles fotovoltaicos en recintos militares, el uso de combustibles alternativos en vehículos y equipos, y la racionalización del uso de agua y energía son ejemplos concretos de cómo la defensa puede contribuir a los compromisos nacionales en materia de sostenibilidad. Estas acciones refuerzan la responsabilidad institucional y consolidan el aporte del sector al cumplimiento de las metas climáticas del país y al fortalecimiento de la resiliencia institucional.
Además, las Fuerzas Armadas desempeñan un rol complementario en apoyo al Estado mediante el monitoreo ambiental, la observación satelital y la emisión de alertas tempranas. La utilización de tecnologías avanzadas, como sistemas de teledetección, sensores meteorológicos y plataformas de comunicación, permite anticipar fenómenos adversos y mejorar la capacidad de respuesta ante eventos climáticos extremos. Integrar estas capacidades en redes de cooperación con instituciones civiles, académicas y científicas potencia la capacidad del Estado para prevenir y gestionar emergencias.
La colaboración interinstitucional se convierte, por tanto, en un componente clave para fortalecer la resiliencia nacional frente a los impactos del cambio climático. En este sentido, el Ministerio de Defensa Nacional, a través de la Subsecretaría para las Fuerzas Armadas, avanza en la actualización de la Política de Cambio Climático de la Defensa Nacional, instrumento que busca consolidar el cambio climático como un eje estratégico transversal en la gestión, planificación y desarrollo de capacidades del sector. Este esfuerzo institucional representa un paso decisivo hacia una defensa más preparada, sostenible y coherente con los desafíos del siglo XXI.
Conclusiones y recomendaciones
El cambio climático actúa como potenciador de riesgos que impacta dimensiones más allá de lo ambiental, afectando estructuras previamente debilitadas. Este escenario se expresa en dos grandes áreas: por un lado, los efectos del fenómeno climático han incrementado la demanda de apoyo humanitario y de respuesta ante catástrofes por parte de las Fuerzas Armadas; por otro, el sector defensa se ve afectado por estos impactos y debe adoptar medidas de adaptación y mitigación, con el objetivo de mantener la continuidad operativa y logística, contribuir a las políticas de sostenibilidad del Estado y apoyar en tareas de gestión y respuesta ante desastres.
La respuesta del sector defensa, y en particular de las Fuerzas Armadas, frente al cambio climático requiere una mirada estratégica que incorpore la variable ambiental como eje transversal en la planificación y gestión institucional. Paralelamente, es necesario fortalecer las medidas de adaptación y mitigación, asegurando que las capacidades del sector avancen hacia modelos más resilientes y sostenibles.
Asimismo, es fundamental incorporar contenidos ambientales en la formación y doctrina militar, consolidando una cultura institucional comprometida con la sostenibilidad y consciente del papel del sector en la respuesta estatal ante los efectos del cambio climático. La cooperación con instituciones civiles, académicas y científicas adquiere aquí un rol decisivo, fortaleciendo las capacidades de monitoreo, prevención y gestión del riesgo, y permitiendo responder de manera eficiente ante emergencias.
Finalmente, la consolidación de la Política de Cambio Climático de la Defensa Nacional como instrumento rector representa una oportunidad para dotar al sector de una hoja de ruta clara y coherente, capaz de orientar las acciones futuras en materia de sostenibilidad y resiliencia. Integrar esta dimensión en la gestión de la defensa refuerza el compromiso del sector con el bienestar del país y con el desarrollo sostenible de Chile.
Referencias
del Castillo Pantoja, G (2019) Adaptación al Cambio Climático, un desafío para la Defensa. Cuaderno de Trabajo N°2 pp 1-8. En línea: https://anepe.cl/wp-content/uploads/2020/10/Cuaderno-de-Trabajo-N%C2%B02-2019.pdf
Miranda, V (2023) Cambio Climático: Relación Intrínseca con la Seguridad y la Defensa. Volumen 2 N°1, pp 21-35. En línea: https://revistas.ceeep.mil.pe/index.php/seguridad-y-poder-terrestre/es/article/view/19
Ministerio de Defensa Nacional (2020) Política de Defensa Nacional de Chile, pp 56. En línea: https://www.defensa.cl/wp-content/uploads/2023/06/POL%C3%8DTICA-DE-DEFENSA-NACIONAL-DE-CHILE-2020.pdf
Naciones Unidas (2024) Cambio Climático y riesgos para la seguridad. Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente. En línea: https://www.unep.org/topics/disasters-and-conflicts/environment-security/climate-change-and-security-risks
Regaud, N (2018) ¿Qué implicancias tienen el cambio climático para la defensa? Pp. 167 – 174. En línea: https://cefadigital.edu.ar/handle/1847939/1533

